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INTERNACIONALES
2 de enero de 2026
La histórica señal de televisión dedicada a transmitir videos musicales acaba de apagarse en casi todo el mundo. Dio a conocer a grandes artistas y educó a al menos tres generaciones
Quedan, sí, las escenas que constituyen la identidad inamovible de este pedazo de Buenos Aires: hay fila para comer fugazzeta de parado en La Mezzetta, hay comensales esperando un pedazo de carne en la vereda de Lo de Charly. O eso creo.
Veo a Axl como un novio elegante y rockero en la iglesia, a su blanca y radiante novia caminando al altar, a Slash entregando los anillos y, después, tocando su solo de guitarra en una especie de desierto con esa capilla chiquita y blanca de fondo.
El auto va por Álvarez Thomas pero yo tengo el cerebro mudado a los noventa y, sobre todo, a la pantalla de MTV. Y entonces, con el logo de MTV estampado en el horizonte de una avenida que surca la Ciudad, decido que voy a escribir esta nota. Para despedir pero sobre todo para darle las gracias a esa señal que construyó nuestra educación sentimental, ese paraíso adolescente al que los olores, las comidas, las películas, las anécdotas, las canciones y los amigos nos pueden hacer volver en un instante.
Hizo que esos artistas fueran conocidos en tierras lejanas, que ampliaran su público internacionalmente, que se los reconociera con premios globales. MTV hizo también que, del otro lado del televisor, millones de televidentes educaran su oído con más versatilidad de la que hubieran podido imaginar antes de su desembarco. Ese es su mayor legado.
El 31 de diciembre de 2025, hace apenas dos días, el MTV que debutó en 1981 se despidió para siempre casi en su totalidad. Dejaron de existir los canales MTV Music, MTV 80s, MTV 90s, Club MTV y MTV Live, que eran los que aún mantenían la tradición de sostener una programación hecha de videos musicales.El “apagado” impactó en el minuto final de 2025 en Reino Unido, Irlanda, Francia, Alemania, Austria, Polonia, Hungría, Australia, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Los motivos de esa decisión son deducibles: el desembarco de MTV en la televisión hace más de cuatro décadas fue apenas una de todas las revoluciones de los medios de comunicación y de la forma de consumir cultura.Ahora, en esta escena que me coloniza el cerebro mientras pienso en todo lo que hay que agradecerle a MTV, no sé si es diciembre o enero o febrero, pero sé que es verano. Es apenas el arranque del siglo XXI y un litro de cerveza Quilmes cuesta un peso, es decir, un dólar, en un bar marplatense que huele a espíritu adolescente.
Es verano pero refrescó porque así funciona la Costa Atlántica. Una amiga muestra con todo el disimulo posible a un grupo de chicos algo más grandes que nosotras y distingue al que le gusta: “El del pulover de Cobain”.“El del pulover de Cobain” podría haber sido “el del pulover de Freddy Krueger”, un sweater de rayas horizontales anchas rojas y negras, si MTV no hubiera existido. Pero para ese entonces, llevábamos años viendo a Kurt Cobain, el alma de Nirvana ya muerto en los noventa, cantar su infancia desgraciada en el video de “Sliver”.Claro que también habríamos identificado al chico que le gustaba a mi amiga si hubiera tenido un saco de lana de algún color entre el beige y el té con leche. Habría sido perfectamente correcto decir “el del pulover de Cobain” también en ese caso, porque habíamos visto infinitas veces el MTV Unplugged de Nirvana en el canal.
Los Fabulosos Cadillacs fueron los primeros argentinos en probarse ese traje, aunque estrictamente no se trató de un unplugged porque tocaron con instrumentos eléctricos. Su versión de “Matador” sería elegida después para la compilación Lo Mejor de MTV Unplugged, que también incluiría a artistas como Charly García, Shakira, Ricky Martin, Soda Stereo, Aterciopelados, Café Tacvba y Diego Torres, entre otros grandes latinoamericanos.
Kurt Cobain se despedía del mundo aunque el mundo no lo supiera, y le ponía su voz desgarrada a una letra de David Bowie -la hermosísima “The man who sold the world”- que, tal vez, muchos conocieron por el disco de Nirvana antes que en la versión original del artista británico. El cerebro y el corazón nos crecían mirando MTV, y comprábamos los Unpluggeds en Musimundo o los copiábamos en la casa del amigo que tuviera cómo hacerlo.
Al otro día, en los colegios secundarios, en los negocios, en las universidades, en las oficinas, en los noticieros y en los diarios de papel, se habla sobre todo del beso de Madonna a Britney, pero también a Christina, y del que se dieron las dos discípulas entre sí.
Es que en esa programación musical constante, MTV narraba la historia de la música popular. Contaba quién había inventado qué cosa, qué artista había influenciado a otro, qué sonido se escuchaba en el Reino Unido, en la Costa Este de los Estados Unidos, en el Río de la Plata, en Río de Janeiro y en California. MTV era una enciclopedia musical a cielo abierto.